Te adoramos, Señor, y te bendecimos,
porque por tu Santa Cruz
redimiste al mundo.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella
región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban
por allí dijeron: «A Elías llama éste». Uno de ellos fue corriendo; enseguida
cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, dio otro
grito fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus hombres, que custodiaban
a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente
éste era Hijo de Dios». Mateo 27, 45-50. 54
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.
Dios te salve, María,
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
como era en un principio, ahora y siempre, por los
siglos de los siglos.
Amén
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2026