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Oficio de lectura
San Mateo,
apóstol y evangelista
Fiesta

21 de Septiembre

Martha de Jesús+
1941-2008

Daniel +
1972-2001

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.
[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

HIMNO

Mensajeros de Dios
dadnos la Nueva;
mensajeros de paz,
sea paz nuestra.

Mensajeros de luz,
sea luz nuestra;
mensajeros de fe,
sea fe nuestra.

Mensajeros del Rey,
sea rey nuestro;
mensajeros de amor,
sea amor nuestro. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 A toda la tierra alcanzará su pregón y hasta los
límites del orbe su lenguaje.

Salmo 18 A

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo murmura.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega hasta el otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 A toda la tierra alcanzará su pregón y hasta los
límites del orbe su lenguaje.

Ant. 2 Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus
acciones.

Salmo 63

Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores.

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: "¿Quién lo descubrirá?"
inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Proclamaron la obra de Dios y meditaron sus
acciones.

Ant. 3 Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron
su gloria.

-Salmo 96-

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas inumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sotienen su trono.

Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Pregonaron su justicia y todos los pueblos contemplaron
su gloria.

VERSÍCULO

V. Contaron las alabanzas del Señor y su poder.
R. Y las maravillas que realizó.

PRIMERA LECTURA

De la carta del apóstol san Pablo
a los Efesios

4, 1-16

Hermanos: Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que
andéis como pide la vocación a la que habéis sido con-
vocados. Sed siempre humildes y amables, sed compren-
sivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por
mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la
meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido
convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Pa-
dre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y
lo invade todo.

A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gra-
cia a la medida del don de Cristo. Por eso dice: «Su-
biendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hom-
bres.» ¿Qué quiere decir «subió» sino que antes bajó a
las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el
mismo que subió por encima de todos los cielos, para
llenarlo todo.

Él mismo ha constituido a unos, apóstoles; a otros,
profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y doc-
tores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función
de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de
Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y
en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto,
a la medida de Cristo en su plenitud. Para que ya no
seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retor-
tero por todo viento de doctrina, en la trampa de los
hombres, que con astucia conduce al error; sino que,
realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas
las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual
todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo
el complejo de junturas que lo nutren y actuando a la
medida de cada parte, se procura su propio crecimiento
para construcción de sí mismo en el amor.

Responsorio

R. Nunca fue proferida profecía alguna por voluntad
humana, sino que, * llevados del Espíritu Santo, ha-
blaron los hombres de parte de Dios.

V. El Señor es quien da sabiduría, de su boca proceden
la prudencia y la ciencia.

R. Llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres
de parte de Dios.

SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero

Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la
mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: «Sigúeme.»
Lo vio más con la mirada interna de su amor que con
los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo
amó, lo eligió, y le dijo: Sigúeme. «Sigúeme», que quiere
decir: «Imítame.» Le dijo: «Sigúeme», más que con sus
pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que
está siempre en Cristo debe andar de continuo como él
anduvo.

Él —continúa el texto sagrado— se levantó y lo siguió.
No hay qué extrañarse del hecho de que aquel recauda-
dor de impuestos, a la primera indicación imperativa del
Señor, abandonase su preocupación por las ganancias
terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhi-
riese al grupo que acompañaba a aquel que él veía care-
cer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo lla-
maba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo
interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en
su mente la luz de la gracia espiritual, para que com-
prendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a
dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el
cielo un tesoro incorruptible.

Y sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de
Mateo, muchos publícanos y pecadores vinieron a colo-
carse junto a él y a sus discípulos. La conversión de un
solo publicano fue una muestra de penitencia y de per-
dón para muchos otros publícanos y pecadores. Ello fue
un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que
estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles,
en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí
por el camino de la salvación a un considerable grupo
de pecadores. De este modo, ya en los inicios de su fe,
comienza su ministerio de evangelizador que luego, lle-
gado a la madurez en la virtud, había de desempeñar.
Pero, si deseamos penetrar más profundamente el signi-
ficado de estos hechos, debemos observar que Mateo no
sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa
terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor,
otro banquete mucho más grato en la casa de su interior,
según aquellas palabras del Apocalipsis: Mira que estoy
a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre
la puerta entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo.
Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y
lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado pres-
tamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya ven-
gan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra
lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para
cenar con nosotros y nosotros con él, porque por el don
de su amor habita en el corazón de los elegidos para
saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo
que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas
celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como
en un manjar sabrosísimo.

Responsorio

R. Fue Mateo un hábil escriba, doctísimo en la ley del
Dios del cielo, * adiestró su corazón para investigar
la ley del Señor, para practicar y enseñar sus man-
datos, según el don que él le otorgó misericordio-
samente.

V. A él le fue confiado el Evangelio de la gloria de Dios.

R. Adiestró su corazón para investigar la ley del Se-
ñor, para practicar y enseñar sus mandatos, según
el don que él le otorgó misericordiosamente.

HIMNO FINAL

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos elegidos.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

ORACIÓN.

Oremos:
Dios nuestro, que, en tu inefable misericordia, ele-
giste a san Mateo, para transformarlo de recaudador
de impuestos en un apóstol, haz que también noso-
tros, imitando su ejemplo y apoyados por su interce-
sión, te sigamos con fidelidad, cualesquiera que sean
las circunstancias de nuestra vida. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. Bendigamos al Señor.
R, Demos gracias a Dios.

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