3 de septiembre
Nació en Roma hacia el año 540. Desempeñó primero diver-
sos cargos públicos, y llegó luego a ser prefecto de la Urbe.
Más tarde se dedicó a la vida monástica, fue ordenado diácono
y nombrado legado pontificio en Constantinopla. El día 3 de
septiembre del año 590 fue elegido papa, cargo que ejerció
como verdadero pastor, en su modo de gobernar, en su ayuda
a los pobres, en la propagación y consolidación de la fe. Tiene
escritas muchas obras sobre teología moral y dogmática. Mu-
rió el día 12 de marzo del año 604.
Daniel +
1972-2001
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
HIMNO
Señor, tú me llamaste
para ser instrumento de tu gracia,
para anunciar la Buena Nueva,
para sanar las almas.
Instrumento de paz y de justicia,
pregonero de todas tus palabras,
agua para calmar la sed hiriente,
mano que bedice y que ama.
Señor, tú me llamaste
para curar los corazones heridos,
para gritar, en medio de las plazas,
que el Amor está vivo,
para sacar del sueño a los que duermen
y liberar al cautivo.
Soy cera blanda entre tus dedos,
haz lo que quieras conmigo.
Señor, tú me llamaste
para salvar al mundo ya cansado,
para amar a los hombres
que tú, Padre, me diste como hermanos.
Señor, me quieres para abolir las guerras
y aliviar la miseria y el pecado;
hacer temblar las piedras
y ahuyentar a los lobos del rebaño. Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
- Salmo 79 -
Pastor de Israel, escucha,
tu que guías a José como a un rebaño;
tu que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuando estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó rices
hasta llenar el país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río.
¿Por que has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tu fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Ant. 2 Anunciad a toda la tierra que el Señor
hizo proezas.
Cántico
Is. 12,1-6
Te doy, gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mí Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
"¡Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel!"
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Anunciad a toda la tierra que el Señor
hizo proezas.
Ant. 3 Aclamad a Dios, nuestra fuerza. +
- Salmo 80 -
Aclamad a Dios, nuestra fuerza:
+
dad vítores al Dios de Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las arpas;
tocad las trompetas por la luna nueva,
por la luna llena que es nuestra fiesta;
Porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
"Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me escuchases, Israel!
No tendrás un Dios extraño,
no adoraras un dios extranjero:
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto:
abre tu boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
En un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios,
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre."
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
LECTURA BREVE
Rm 14, 17-19
El reino de Dios no es comida ni bebida, sino jus-
ticia y paz y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en
esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hom-
bres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra
mutua edificación.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre el
profeta Ezequiel
Hijo de hombre, te he puesto como atalaya en la casa
de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predica-
dores a un atalaya. El atalaya está siempre en un lugar
alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo
aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios
debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de
preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su cus-
todia.
Estas palabras que os dirijo resultan muy duras para
mí, ya que con ellas me ataco a mí mismo, puesto que
ni mis palabras ni mi conducta están a la altura de mi
misión.
Me confieso culpable, reconozco mi tibieza y mi negli-
gencia. Quizá esta confesión de mi culpabilidad me al-
cance el perdón del Juez piadoso. Porque, cuando estaba
en el monasterio, podía guardar mi lengua de conversa-
ciones ociosas y estar dedicado casi continuamente a la
oración. Pero, desde que he cargado sobre mis hombros
la responsabilidad pastoral, me es imposible guardar el
recogimiento que yo querría, solicitado como estoy por
tantos asuntos.
Me veo, en efecto, obligado a dirimir las causas, ora
de las diversas Iglesias, ora de los monasterios, y a juz-
gar con frecuencia de la vida y actuación de los indivi-
duos en particular; otras veces tengo que ocuparme de
asuntos de orden civil, otras, de lamentarme de los es-
tragos causados por las tropas de los bárbaros y de te-
mer por causa de los lobos que acechan al rebaño que
me ha sido confiado. Otras veces debo preocuparme de
que no falte la ayuda necesaria a los que viven someti-
dos a una disciplina regular, a veces tengo que soportar
con paciencia a algunos que usan de la violencia, otras,
en atención a la misma caridad que les debo, he de sa-
lirles al encuentro.
Estando mi espíritu disperso y desgarrado con tan
diversas preocupaciones, ¿cómo voy a poder reconcen-
trarme para dedicarme por entero a la predicación y al
ministerio de la palabra? Además, muchas veces, obli-
gado por las circunstancias, tengo que tratar con las per-
sonas del mundo, lo que hace que alguna vez se relaje
la disciplina impuesta a mi lengua. Porque, si mantengo
en esta materia una disciplina rigurosa, sé que ello me
aparta de los más débiles, y así nunca podré atraerlos
adonde yo quiero. Y esto hace que, con frecuencia, es-
cuche pacientemente sus palabras, aunque sean ociosas.
Pero, como yo también soy débil, poco a poco me voy
sintiendo atraído por aquellas palabras ociosas, y em-
piezo a hablar con gusto de aquello que había empezado
a ;escuchar con paciencia, y resulta que me encuentro a
gusto postrado allí mismo donde antes sentía repug-
nancia de caer.
¿Qué soy yo, por tanto, o qué clase de atalaya soy,
que no estoy situado, por mis obras, en lo alto de la
montaña, sino que estoy postrado aún en la llanura de
mi debilidad? Pero el Creador y Redentor del género
humano es bastante poderoso para darme a mí, indigno,
la necesaria altura de vida y eficacia de palabra, ya que
por su amor, cuando hablo de él, ni a mí mismo me
perdono.
RESPONSORIO BREVE
V. Velando medito en tí, Señor.
R. Velando medito en tí, Señor.
V. Porque fuiste mi auxilio.
R. Medito en tí, Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Velando medito en tí, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Gregorio, pastor eximio, fue un modelo acabado de
vida pastoral y nos legó una regla segura para seguir
esa vida.
Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Gregorio, pastor eximio, fue un modelo acabado de
vida pastoral y nos legó una regla segura para seguir
esa vida.
PRECES.
Señor Dios, que cuidas a tu pueblo con ternura y
lo gobiernas con amor, te pedimos que, por interce-
sión del papa san Gregorio Magno, concedas el espí-
ritu de sabiduría a quienes has establecido como
maestros y pastores de la Iglesia, para que así el pro-
greso de los fieles constituya el gozo eterno de sus
pastores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.
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