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Oficio de lectura
Jueves V Ordinario
San Cirilo, Monje y
San Metodio, Obispo
Memoria

Cirilo nació en Tesalonica y obtuvo en Constantinopla una
exelente formación. Junto con su hermano Metodio, se tras-
lado a Moravia para predicar la fe cristiana. Ambos hermanos
prepararon los textos litúrgicos en lengua eslava, escritos con
los caracteres que luego se llamaron "cirílicos". Llamados a
Roma, murió allí Cirilo el día 14 de febrero del año 869;Me-
todio fue ordenado obispo y marchó a Panonia, a la cual
evangelizó incansablemente. Tuvo que sufrir mucho a causa
de los envidiosos, pero los papas lo apoyaron. Murió el día 6
de abril del año 885 en la ciudad de Velahrad (Checoslova-
quia)

Martha de Jesús+
1941-2008

Daniel +
1972-2001

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

HIMNO

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.

Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.

La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.

Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.

Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.

SALMODIA

Ant.1 La promesa del Señor es escudo para los que
a ella se acogen.

- Salmo 17, 31-51-
--IV--

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.

¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;

él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant.1 La promesa del Señor es escudo para los que
a ella se acogen.

Ant. 2 Tu diestra, Señor, me sostuvo.

--V--

Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos
y no flaquearon mis tobillos;

yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo;
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.

Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.

Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.

Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.

Los extrnjeros me adulaban,
me excuchaban y me obedecían.
Los extrangeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Tu diestra, Señor, me sostuvo.

Ant. 3 Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.

--VI--

Viva el Señor, bendita sea mi roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;

que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.

Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tu diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.

VERSÍCULO

V. Ábreme, Señor, los ojos.
R. Y contemplaré las maravillas de tu voluntad.

PRIMERA LECTURA

De la primera carta a los Corintios
4, 1-21

Hermanos: Que la gente sólo vea en nosotros servi-
dores de Cristo y administradores de los misterios de
Dios. Ahora, en un administrador lo que se busca es que
sea fiel. Por lo que a mí se refiere, me importa muy poco
ser juzgado por vosotros o por cualquier tribunal hu-
mano. Ni siquiera yo mismo juzgo mi actuación. Cierto
que mi conciencia nada me reprocha, mas no por eso
me creo justificado. Mi juez será el Señor.

No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Se-
ñor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas
y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. En-
tonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.

Estas verdades, hermanos, las he expuesto por vues-
tro provecho, aplicándolas a mi persona y a Apolo. Así,
por esta aplicación, aprenderéis aquello de: «No más de
lo que está escrito», a fin de que nadie se enorgullezca
de un apóstol y desprecie a otro. Porque, ¿quién es el
que te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?
Y, si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hu-
bieras recibido?

¡Ya estáis satisfechos! ¡Os habéis hecho ya ricos!
¡Habéis ganado un reino sin ayuda nuestra! ¡Ya lo po-
díais haber ganado! ¡Así tendríamos nosotros parte en
Vuestro reino!

Por lo que veo, Dios nos ha asignado a los apóstoles
el último lugar, como a condenados a muerte; porque
hemos venido a ser el espectáculo del mundo, de los
ángeles y de los hombres. Nosotros somos insensatos
por Cristo, vosotros sensatos en Cristo; nosotros débiles,
vosotros fuertes; vosotros estimados, nosotros despre-
ciados.

Todavía ahora pasamos hambre, sed y desnudez. So-
mos maltratados y arrojados de una parte a otra, y nos
fatigamos trabajando con nuestras manos. Cuando nos
maldicen, bendecimos; cuando nos persiguen, soporta-
mos; cuando nos injurian, respondemos con dulzura. He-
mos venido a ser hasta ahora como basura del mundo,
como el desecho de la humanidad.

No os escribo esto para confundiros, sino para amo-
nestaros como a hijos míos carísimos. Aunque tengáis,
en efecto, diez mil maestros que os lleven a Cristo, de
hecho sólo tenéis un padre. Yo os engendré para Cristo
por la predicación del Evangelio. Os exhorto, pues, a
que seáis mis imitadores, como yo imito a Cristo. Con
este fin, os envío a Timoteo, que es mi muy amado y
fiel hijo en el Señor. Él se encargará de recordaros mis
normas de conducta en Cristo, según las voy dando por
doquier en todas las Iglesias.

Algunos se han hinchado de orgullo, pensando que ya
no voy a ir a veros. Pero iré pronto, si el Señor lo quiere.
Y entonces conoceré no las palabras de esos presumidos,
sino su poder y eficacia. Que el reino de Dios no se
prepara con palabras, sino con el poder de Dios. ¿Qué
preferís? ¿Que me presente vara en mano o con amor y
espíritu de mansedumbre?

Responsorio

R. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo; * por-
que yo os engendré para Cristo por la predicación
del Evangelio.

V. Aunque tengáis diez mil maestros que os lleven a
Cristo, de hecho sólo tenéis un padre.

R. Porque yo os engendré para Cristo por la predica-
ción del Evangelio.

SEGUNDA LECTURA

De la Vida eslava de Constantino

Constantino Cirilo, sobrecargado de trabajo, cayó en-
fermo y, cuando hacía ya muchos días que soportaba su
enfermedad, tuvo en cierta ocasión una visión divina
y se puso a cantar estas palabras:

«Qué alegría para mi espíritu y qué gozo para mi co-
razón cuando me dijeron: "Entraremos en la casa del
Señor."»

Después, permaneció así todo el día, lleno de alegría
y diciendo:

«Desde ahora soy siervo, no ya del emperador ni de
otro hombre alguno, sino tan sólo del Dios todopodero-
so. Antes no existía, pero ahora existo y existiré para
siempre. Amén.»

Al ¿12. siguiente vistió el santo hábito monástico y,
como quien añade más luz a la luz, tomó el nombre
de Cirilo. Con este hábito permaneció durante cincuen-
ta días. Al acercarse ya la hora de recibir el descanso y
de Trasladarse a las moradas eternas, elevando sus ma-
nos hacia Dios, rogaba con lágrimas en sus ojos, pro-
nurcisndo estas palabras:

< Señor, Dios mío, tú que creaste las diversas cate-
gorías de ángeles y todas las fuerzas incorpóreas, que
¿••rendiste el cielo, diste solidez a la tierra y sacaste de
la nada todo lo que existe, tú que escuchas siempre a
tos que cumplen tu voluntad, te respetan y observan tus
rre;er:;;. escucha mi oración y guarda a la grey de tus
fieles, al frente de la cual me pusiste a mí, tu siervo
inepta e indigno.

Líbralos de la malicia de los impíos y paganos que
blasíerrlan de ti, haz crecer en número a tu Iglesia y
maréenla siempre en la unidad. Haz que tu pueblo se
distinga por su concordia en la fe verdadera y por la
recta profesión de la misma, e inspira en sus corazones
la palabra ce tu doctrina: porque es don tuyo el que
nos hayas aceptado como predicadores del Evangelio de
tu Ungido, incitándonos a que practicáramos las buenas
obras que te son agradables. Te devuelvo los que me
confiaste, porque son tuyos; gobiérnalos con tu diestra
poderosa y cúbrelos con la sombra de tus alas, para que
todos alaben y glorifiquen tu nombre, el del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»

Besó a todos con el ósculo santo y dijo:

«Bendito el Señor, que no nos entregó como presa a
los dientes de nuestros adversarios invisibles, sino que
rompió su red y nos libró del mal que tramaban contra
nosotros.»

Y así se durmió en el Señor, a la edad de cuarenta
y dos años. El papa mandó que todos los griegos que
se encontraban en Roma, así como los romanos, se reu-
niesen, con cirios en las manos, para cantar en sus exe-
quias, que quiso que se celebraran como si se tratase
del mismo papa; y así se hizo.

Responsorio

R. Un día hablaste en visión a tus amigos: «He levan-
tado a un elegido sobre el pueblo. Encontré a Da-
vid, mi siervo; * lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él.»

V. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os
apacentarán con ciencia y con sabiduría.

R. Lo he ungido con óleo sagrado; para que mi mano
esté siempre con él.

ORACIÓN.

Oremos:
Tú, Señor, que por medio de los santos hermanos
Cirilo y Metodio iluminaste con la luz del Evangelio
a las naciones eslavas, haz que nosotros, unidos en
la confesión de la fe verdadera, demos al mundo, por
nuestra unidad, testimonio del nombre cristiano. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. Bendigamos al Señor.
R, Demos gracias a Dios.

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