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Laudes
LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA
DE SAN JUAN DE LETRAN
Fiesta

9 de noviembre

Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra
el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica
construida por el emperador Constantino en el Laterano. Esta
celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más
tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin
de honrar aquella basílica, que es llamada "madre y cabeza
de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe", en señal de amor
y de unidad para con toda la cátedra de Pedro que, como escribió
san Ignacio de Antioquía "preside a todos los congregados en
la caridad".

Martha de Jesús+
1941-2008

Daniel +
1972-2001

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y
se entregó por ella.
[Sal 94] ó [Sal 99] ó [Sal 66] ó [Sal 23]

HIMNO

El cielo y la tierra
celebren, aplaudan
a la Iglesia, esposa
sin arruga y mancha.

Descienda a nosotros
la ciudad sagrada,
en que todo es nuevo
y de rica gala.

En piedras preciosas
está cimentada,
y bien construida
en brillos de gracia.

Las piedras preciosas
que están a su entrada
muestran la hermosura
de esta casa santa.

Descienda a nosotros
esta santa casa,
que hizo el rey eterno
para su morada. Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Mi casa se llama casa de oración.

- Salmo 62 -

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansias de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a las sombras de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Mi casa se llama casa de oración.

Ant. 2 Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa
Iglesia.

Cántico.
Dn. 3,57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieve, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzadlo, por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa
Iglesia.

Ant. 3 Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.

-Salmo 149-

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.

LECTURA BREVE

Is 56, 7

Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa
de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos
y sacrificios; porque mi casa es casa de oración y
así la llamarán todos los pueblos.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.

Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y
alegría, por la bendición de Cristo, la dedecación de este
templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y ver-
dadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los
pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya
que son conscientes de que por ella han renacido espiri-
tualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer
nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el se-
gundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia.
El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos
restituyó la vida.

_Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fui-
mos lugar en donde habitaba el demonio; después del
bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pen-
samos con atención en lo que atañe a la salvación de
nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condi-
ción de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita
no sólo en templos levantados por los hombres ni en
casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente
en el alma hecha a imagen de Dios y contruida por él
mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol
Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vo-
sotros.

Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros co-
razones al demonio para prepararse un templo en noso-
tros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que
Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras ma-
las obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cris-
to. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redi-
miera éramos casa del demonio; después hemos llegado
a ser casa de Dios. ya que Dios se ha dignado hacer de
nosotros una casa para sí.

Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar
con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir
en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo
de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos:
debemos disponer nuestras almas del mismo modo como
deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos
a ella.

¿Deseas encontra limpia la basílica? Pues no ensucies
tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté
bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté
en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor:
que brille en nosotros la luz de la buenas obras y sea
glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo
que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en
tu alma como tiene prometido: Habitaré en medio de
ellos y andaré con ellos.

RESPONSORIO BREVE

V. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.

V. En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
R. Y muy digno de alabanza.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que
alojarme en tu casa." Él bajó en seguida, y lo recibió
muy contento, "Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa."

Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visistará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestro pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. "Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que
alojarme en tu casa." Él bajó en seguida, y lo recibió
muy contento, "Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa."

PRECES.

Como piedras vivas, edificadas sobre Cristo, la pie-
dra escogida, oremos al Padre todopoderoso por su
Iglesia amada, y confesemos nuestra fe en ella di-
ciendo:

Ésta es la casa de Dios y puerta del cielo.

Padre del cielo, tú que eres el labrador de la vid,
guarda, purifica y acrecienta tu viña,
haciendo que sus sarmientos llenen toda la tierra.

Pastor eterno, protege y acrecienta tu rebaño,
y haz que todas las ovejas se reunan en un solo
redil bajo el cayado del único pastor, Jesucristo,
tu Hijo.

Sembrador todopoderoso, siembra la Palabra en tu
campo,
y haz que de frutos del ciento por uno para la
vida eterna.

Arquitecto prudente, santifica tu familia, que es la
Iglesia,
y haz que aparezca ante el mundo como ciudad
celestial, esposa sin tacha y Jerusalén de cielo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres
peticiones

Terminemos nuestra oración con las palabras que
Cristo nos enseñó:
Padre nuestro .............

ORACIÓN.

Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas
el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones
que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pue-
blo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser
la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.

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