Ignacio fue el segungo sucesor de Pedro en gobierno de
la Iglesia de Antioquía. Condenado a morir devorado por las
fieras, fue trasladado a Roma y allí, bajo el imperio de Tra-
jano, recibió la corona de su glorioso martirio el año 107. En
su viaje a Roma escribió siete cartas, dirigidas a varias Igle-
sias, en las que trata sabia y eruditamente de Cristo, de la
constitución de la Iglesia y de la vida cristiana. Ya en el si-
glo IV se celebraba en Antioquía su memoria el mismo día
de hoy.
Daniel +
1972-2001
INVITATORIO
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Ant Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.
HIMNO
Dador de luz espléndido,
a cuya luz serena,
pasada ya la noche,
el día se despliega.
Mensajero de luz
que de luz centellea,
no es del alba el lucero:
eres tú, Luz de veras,
más brillante que el sol,
todo luz y pureza;
enciende nuestro pecho,
alumbra el alma nuestra.
Ven, Autor de la vida,
prez de la luz paterna,
sin cuya gracia el cuerpo
se sobresalta y tiembla.
A Cristo, rey piadoso,
y al Padre gloria eterna,
y por todos los siglos
al Espíritu sea. Amén.
SALMODIA
Ant. 1 Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y
proclamar por la mañana tu misericordia.
- Salmo 91 -
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!.
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi roca no existe la maldad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Es bueno tocar para tu nombre, oh Altísimo, y
proclamar por la mañana tu misericordia.
Ant. 2 Os daré un corazón nuevo y
os infundiré un espíritu nuevo.
Cántico
Ez. 36, 24-28
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los países
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Os daré un corazón nuevo y
os infundiré un espíritu nuevo.
Ant. 3 De la boca de los niños de pecho,
Señor, has sacado una alabanza.
- Salmo 8 -
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3 De la boca de los niños de pecho,
Señor, has sacado una alabanza.
LECTURA BREVE
2Pe 3, 13-15a
Nosotros conforme a la promesa del Señor espera-
mos cielos nuevos y tierra nueva, en los que tiene su
morada la santidad. Por eso, carísimos, mientras es-
peráis estos acontecimientos, procurad con toda dili-
gencia que él os encuentre en paz, sin mancha e irre-
prensibles. Considerad esta paciente espera de nuestro
Señor como una oportunidad para alcanzar la salud.
SEGUNDA LECTURA
De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir,
a los Romanos.
Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les
encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios,
con tal de que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por
favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna.
Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará
posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y he de ser
molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser
pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que,
por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima
para Dios.
De nada me servirán los placeres terrenales ni los rei-
nos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que
reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi
voluntad están puestos en aquel que que por nosotros murió
y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento
a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de
esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es
pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me se-
duzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda con-
templar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sen-
tido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que
tenga a Dios en sí entenderá lo que quiero decir y se
compadecerá de mí, sabiendo cuál es el deseo que me
apremia.
El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pre-
tende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie
de vosotros, los aquí presetes, lo ayude; poneos más
bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a
un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los
deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia
entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os
suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo
que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero de-
seando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en
mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en
mi interior la voz de una agua viva que me habla y me
dice: "Ven al Padre." No encuentro ya deleite en el ali-
mento material ni en los placeres de este mundo. Lo que
deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de
la descendencia de David, la bebida de su sangre, que es
la caridad incorruptible.
No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo
será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo que-
rráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En
dos palabras resumo mi súplica: hacedme caso. Jesucris-
to os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que
no engaña, por la que el Padre ha hablado verdadera-
mente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he
escrito no con criterios humanos, sino conforme a la
mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me
queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborre.
cido.
RESPONSORIO BREVE
V. Te aclamarán mis labios, Señor,
cuando salmodie para ti.
R. Te aclamarán mis labios, Señor,
cuando salmodie para ti.
V. Mi lengua recitará tu auxilio.
R. Cuando salmodie para ti.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te aclamarán mis labios, Señor,
cuando salmodie para ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel
que por nosotros murió y resucitó.
Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel
que por nosotros murió y resucitó.
PRECES.
Dios todopoderoso y eterno, que has querido que el
testimonio de los mártires sea el honor de todo el cuerpo
de tu Iglesia, concédenos que el martirio de san Ignacio
de Antioquía, que hoy conmemoramos, así como le me-
reció a él una gloria eterna, así también nos dé a nosotros
valor en el combate de la fe. Por nuestro Señor Jesucri-
to, tu Hijo.
CONCLUSIÓN.
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.
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